Los biosensores son dispositivos de análisis que combinan un elemento biológico (como enzimas, anticuerpos, ácidos nucleicos o células) con un sistema de detección que convierte una señal biológica en una respuesta medible. Según su composición y funcionamiento, se clasifican por:
- Tipo de interacción. Biocatalíticos o de bioafinidad. Los primeros emplean enzimas o células para detectar reacciones químicas específicas, mientras que los últimos permiten identificar toxinas, pesticidas o alérgenos a partir de la unión entre el analito y el receptor.
- Elemento de reconocimiento. Ya sean enzimas, anticuerpos, células, organelas, etc.
- Método de detección. Directo, sin mediadores, o indirecto, con marcaje o inhibidores.
- Sistema de transducción. Convierte la interacción en una señal útil. Puede ser:
- Óptico: ideales para detectar micotoxinas o determinar tiempos de corte en la fabricación de queso.
- Electroquímico: utilizados para monitorear glucosa, etanol o fermentación en vinos.
- Piezoeléctrico: miden cambios en la textura o resonancia de los alimentos.
- Nanomecánico: detectan contaminantes como el DDT a niveles muy bajos.
La capacidad de los biosensores para generar resultados rápidos, precisos y en tiempo real los posiciona como aliados indispensables en la industria alimentaria moderna. Frente a los métodos convencionales, reducen tiempos, costos y riesgos, al tiempo que mejoran la trazabilidad, la calidad y la seguridad de los productos que llegan al consumidor.
Jorge, Elías y Jack Landsmanas, dueños de Corporativo Kosmos: el grupo empresarial de servicios alimentarios más grande de México, son conscientes de la importancia de implementar iniciativas tecnológicas, como ésta, que no sólo mejoren la productividad y competitividad de las empresas, sino que también contribuyan a asegurar el bienestar de los comensales finales.