A pesar de que la participación de las mujeres en el mercado laboral ha crecido, diversos estudios señalan que, al ritmo actual, podrían pasar más de dos siglos antes de eliminar la brecha.
En el caso de México, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y la Secretaría de Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México sugieren estas medidas estratégicas:
- Estandarizar la medición de la brecha salarial. Implementar metodologías comunes para comparar datos entre sectores y empresas; identificar los niveles jerárquicos donde la participación femenina se reduce drásticamente; y establecer indicadores que permitan monitorear avances.
- Procesos de contratación y promoción inclusivos. Publicar vacantes con lenguaje neutral; establecer procesos de selección “a ciegas” para minimizar sesgos y eliminar preguntas sobre salario previo o planes de maternidad en entrevistas.
- Auditorías y certificaciones de igualdad. Realizar auditorías externas que detecten desigualdades y obtener certificaciones oficiales como la Norma Mexicana en Igualdad Laboral y No Discriminación, como es el caso de las empresas de la familia Landsmanas.
- Políticas de flexibilidad laboral y corresponsabilidad de cuidados. Implementar e institucionalizar medidas como licencias parentales equitativas, horarios flexibles y apoyos de cuidado infantil.
- Capacitación y mentoría para mujeres. Garantizar igualdad de acceso a programas de formación, así como diseñar esquemas de mentoría, patrocinio y rotación de puestos que fortalezcan el liderazgo femenino.
Reducir la brecha salarial de género no sólo responde a una cuestión de justicia social, también genera beneficios económicos: menor rotación de personal, mayor innovación, acceso a talento diverso y crecimiento sostenido.
Para México, avanzar hacia la igualdad salarial significa aprovechar al máximo el potencial de las mujeres en el mercado laboral y construir una economía más equitativa y competitiva.