Labranza mínima: ¿a qué retos se enfrenta?

A diferencia de la labranza convencional, que remueve profundamente el suelo antes de sembrar, la labranza mínima limita al máximo la alteración de la capa superficial, permitiendo la siembra directa sobre los residuos del cultivo anterior.

Según la organización Azada Verde, esta práctica mejora la estructura del suelo, reduce el consumo energético y promueve una agricultura más respetuosa con el entorno.

A pesar de sus múltiples beneficios, la labranza mínima presenta algunos desafíos:

  1. Inversión inicial. Requiere herramientas específicas y una curva de aprendizaje técnica que puede representar una barrera, sobre todo para pequeños productores.
  1. Control de malezas. El manejo sin laboreo puede exigir métodos alternativos o complementarios, como el uso de coberturas vegetales.
  1. Condiciones locales. Factores como el tipo de suelo, clima y cultivo determinan la viabilidad de esta técnica. No existe una fórmula única: la adaptación es clave.

La labranza mínima es más que una técnica: es una apuesta por una agricultura regenerativa, con beneficios a largo plazo para el productor, el suelo y el planeta, algo que se alinea con los valores medioambientales y sociales que siguen Jorge, Elías y Jack Landsmanas, dueños de La Cosmopolitana.